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Immigrazione

Migraciones: las mujeres recorren solas el mundo

Graciela Mochkofsky

Cariló es una reserva natural de bosque, dunas y playa a 360 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, sobre la costa atlántica argentina. Solía ser un reducto cerrado al que sólo podían ingresar los propietarios de las casas de veraneo.

Hoy la entrada es libre y algunos propietarios son de clase media, pero sigue siendo una playa exclusiva, con grandes caserones y Audis y BMWs en muchas explanadas. El público de Cariló es tan homogéneo que la escena que encontré en la pequeña plaza central a las 8 de la mañana del domingo pasado me tomó por sorpresa: unas treinta bolivianas, sentadas una junta a la otra bajo el tibio sol de la mañana, quietas, a la espera.

¿Qué esperaban? Me lo explicó una propietaria: que las repartieran por las casas que iban a limpiar. Un bus las había llevado hasta allí desde Valeria, el balneario vecino, donde vive una comunidad de bolivianos que alimenta la zona de plomeros, albañiles, mucamas. Las bolivianas debían quedarse en la plaza hasta que vinieran a buscarlas; tenían prohibido utilizar las instalaciones, incluso los baños del único café abierto tan temprano.

Al caer el sol, mientras caminaba por el bosque, ví a algunas salir de las casas y encaminarse hasta la parada del bus que se las llevaría de Cariló. Caminaban en silencio, mirando al suelo. En el atardecer, recortadas contra el bosque, eran casi invisibles.

Nunca antes en la historia hubo tantas personas desplazándose por el mundo: inmigrantes, migrantes internos, desplazados, refugiados. Según la Organización Internacional de Migraciones (OIM), la cantidad de inmigrantes en el mundo sufrió un impresionante aumento en la última década: de 150 millones en 2000 a 214 millones en 2010. Equivalen, simbólicamente, al quinto país más poblado del mundo.

Históricamente, la mayoría de los inmigrantes han sido hombres: padres de familia, o futuros padres de familia, que partían, acumulaban lo suficiente para enviar, años más tarde, por sus esposas e hijos, o enviaban dinero a casa hasta que ellos mismos pudieran regresar. Hoy, la inmigración es crecientemente femenina. Mujeres que fueron dejadas atrás, muchas veces con hijos pequeños, por hombres que nunca regresaron o que un día interrumpieron las remesas, y deben emprender ellas mismas, jóvenes y solas, el viaje hacia el país del que vivirán sus familias.

Las mujeres son hoy el 49 por ciento de todos los inmigrantes.

En Guatemala, donde alrededor del 10 por ciento de la población ha emigrado (1.4 millones de personas), ya un tercio son mujeres --tienen entre 20 y 40 años--. Guatemala, el país más peligroso del mundo para las mujeres (cifras del femicidio: 695 en 2010) expulsa mujeres y conserva hijos criados por abuelas.

Argentina es el tercer receptor de inmigrantes internacionales de América, con 1.4 millones, después de Estados Unidos (42.8 millones) y Canadá (7.2 millones).

El 50,1 por ciento de los inmigrantes internacionales en América son mujeres.

A partir de 1990, según un trabajo de la socióloga Gioconda Herrera, de Flacso Ecuador, pubicado en la revista Nueva Sociedad, “aumenta la presencia de mujeres bolivianas en Argentina y peruanas en Chile. Por ejemplo, el porcentaje de mujeres sobre el total de migrantes peruanos ha pasado en los últimos 20 años de 33% a 60%. En Argentina, las mujeres representaban 33,6% del total de migrantes peruanos en 1980 y en 2000 alcanzaban el 59,3%. Lo mismo sucedió en Chile, donde el porcentaje pasó de 48% a 60% en el mismo periodo.”

Los países en desarrollo de América Latina y el Caribe recibieron 58.1 mil millones de dólares en remesas de sus emigrados en 2010.

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Las inmigrantes son presas de todo tipo de depredadores. En Centroamérica: mareros, coyotes, bandidos en general, oficiales de inmigración y policías. Los lectores de El País leyeron hace unos días la historia del Depo-Provera, la inyección anticonceptiva que se aplican miles de centroamericanas para atravesar los 5.000 kilómetros de la ruta hasta Estados Unidos. La llaman “la inyección anti-México”: allí, seis de cada diez inmigrantes son violadas. Las mujeres saben que serán explotadas sexualmente, se resigmnan a que este será el precio del pasaje.

La mayoría de quienes que dejan Centroamérica para intentar llegar a Estados Unidos son mujeres: son el 57% de los migrantes de Guatemala y el 54% de El Salvador y Honduras, según la Mesa Nacional para las Migraciones de Guatemala

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En el Cono Sur, las angustias son otras.

“Las mujeres bolivianas que se desplazan hacia Argentina son víctimas de diferentes prácticas de discriminación y exclusión por su condición de mujeres y de migrantes, por su pertenencia de clase y su origen étnico –según un trabajo académico publicado en Amérique Latine, Histoire et mémoire--. (…) La exclusión, la subordinación y la discriminación en todos los espacios de la sociedad siguen siendo las problemáticas más significativas que padece este sector de la población en la Argentina”.

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Escuchar la historia de estas mujeres, sea en el norte o en el sur del continente, sea con este matiz o aquel matiz, produce una sensación de déjà vú: es siempre la misma historia. Cada experiencia personal es, en verdad, un relato colectivo. Porque estas mujeres no eligen sus vidas: son arrojadas a ellas.
Fecha: 21/01/2012
Fuente: http://blogs.elpais.com
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